Esta es la primera fotográfia que realice a mis 12 años con la
Werlisa de mi padre y que aún despierta en mi ese sentimeinto que todos
los fotógrafos tenemos al terminar el carrete y ver lo que hemos plasmado
en el mismo.
Recuerdo que fuimos con mis padres a Torremolinos, en invierno, en nuestro R12
verde metalizado y en una urbanización perdida apareció el lindo
gatito que intenté plasmar acercandomé sigilosamente y con el
miedo, a que se escapase.
Esa misma noche monte mi laboratorio en el cuarto de Baño al volver a
Córdoba y con las instrucciones escritas a máquina que un amiguete
del cole me habia pasado con las mezclas de cada baño para desvelar por
fín aquel tesoro que escondía mi primer carrete de balco y negro.
Tras multiples baños y ese olor que nunca más se olvida de los
químicos, aparecieron las imágenes por arte de mágia en
aquel rollo. Por su puesto todo el negativo términó lleno de arañazos
y colgado en la varilla de la cortina de la bañera. Pero me acosté
feliz y con una nueva ilusión que aún conservo y espero nunca
desaparezca.